Mensaje de Cuaresma

MENSAJE DE CUARESMA

 

Hermanos en Jesucristo, quien nos ha redimido con la sangre de su cruz:

 

Iniciamos el tiempo de la Cuaresma con el signo de la imposición de la ceniza. Con este mismo ponemos de manifiesto nuestro  deseo de prepararnos con la penitencia, la oración, la austeridad y sobre todo con la vivencia de la caridad hacia nuestros hermanos, y así llegar purificados a la celebración de la Pascua.

 

La Cuaresma no es una meta en sí misma, sino un camino. No es el objetivo, sino el medio que nos ayuda a alcanzarlo. A donde queremos llegar es a celebrar y participar del misterio de Cristo resucitado y glorificado, pero sólo se podrá lograr acompañando a Jesús en recorrido del camino la cruz. Este recorrido sólo alcanza su sentido al llegar al final, pero la meta sólo se alcanzará si se asume este camino. El Papa Francisco, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (el Gozo del Evangelio) nos ha advertido: Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua (EG 6), lo cual representa sin duda una falta de sentido. Sin embargo, al mismo tiempo, es necesario vivir más en la mística de la Cruz, que nos conduzca verdaderamente hacia la Pascua.

 

La Cuaresma es un tiempo de gracia en el que la Iglesia, como el pueblo de Israel, atraviesa el desierto para llegar a la tierra prometida, la que nos otorgó Cristo Jesús con su muerte y resurrección. Es también un tiempo propicio de conversión y purificación para que, vencidas las tentaciones y ejercitados en la justicia y en la caridad hacia nuestros hermanos, sobre todo hacia los más necesitados, podamos llegar a experimentar el gozo festivo de la Pascua.

 

El Papa Francisco nos invita a la alegría de creer en un Cristo resucitado, el inmenso gozo que brota del triunfo pascual de nuestro Salvador. Sin embargo por desgracia esta alegría se ve muchas veces oscurecida y destruida por la miseria del pecado, la mayor desgracia y la peor de las tristezas y frustraciones, pero la Cuaresma nos da la oportunidad de vencer con Cristo el pecado, de modo que nos dispongamos a experimentar esa alegría pascual, que encontrará su plenitud total y absoluta en la Pascua eterna.